"un pedacito del planeta que no pudieron no!"

Um cantinho do Brasil, orgulhosamente no Pampa Gaúcho, que quer fazer a diferença,
enxergando e discutindo problemas globais e discutindo e realizando soluções locais .

terça-feira, 4 de outubro de 2011

Livro orienta sobre violações e impactos dos agrotóxicos

Em pratos limpos

Por: João Peres, Rede Brasil Atual


“Agrotóxicos no Brasil – um guia para ação em defesa da vida” traça um panorama da utilização dos venenos agrícolas, da legislação nacional e do não cumprimento da mesma
Livro orienta sobre violações e impactos dos agrotóxicos
As grandes extensões de terra têm sido sinônimo do casamento entre transgênicos e agrotóxicos (Foto: Valter Campanato. Agência Brasil)

Está disponível para download o livro “Agrotóxicos no Brasil – um guia para ação em defesa da vida”, escrito pela pesquisadora em agronomia Flavia Londres. A obra é exatamente o que promete o título: um guia para quem quer saber mais sobre os impactos dos venenos agrícolas na saúde, na economia e na vida social brasileira.
Texto simples, capítulos curtos, o livro cumpre o propósito a que se propõe, que é informar de maneira didática aos não iniciados no assunto. Aos que acompanham cotidianamente o tema, a obra pode servir de apoio para a consulta a dados e mesmo para relembrar antigos casos, tão pouco divulgados quanto assustadores.
Outra vantagem é que Flavia não tenta ocultar sua posição. É, além de pesquisadora, uma militante contra os agrotóxicos, o que está exposto desde o nascedouro da publicação apoiada pela Rede Brasileira de Justiça Ambiental e pela Articulação Nacional de Agroecologia.
O livro vem em boa hora. Desde 2008, o Brasil lidera o ranking mundial de uso destas substâncias, e crescem as pressões de fabricantes contra restrições impostas pela legislação atual. A autora volta aos primórdios do uso dessas substâncias, ainda que de maneira rápida. Lembra que a introdução em larga escala de agrotóxicos remete à Revolução Verde, na segunda metade do século passado, momento em que se passa a desconsiderar os dez mil anos em que se promoveu uma agricultura livre de riscos do gênero.
O livro não se furta também à tarefa de argumentar sobre as conexões entre venenos e transgênicos. A promessa inicial de um uso, digamos, mais elegante de herbicidas nas lavouras de sementes geneticamente modificadas não se cumpriu. Mostra disso é que hoje o glifosato, usado amplamente em plantações deste tipo, é o produto mais vendido no país. A substância é um forte herbicida, que mata ervas daninhas ou não. A modificação genética em parte dessas plantas é justamente para permitir que elas resistam ao produto.
É realizada também uma análise da legislação em vigor. Para a autora, os mecanismos hoje existentes, se cumpridos, seriam suficientes para mudar radicalmente o panorama, com a punição do uso inadequado e, mais que nada, o combate à venda ilegal e ao contrabando. São apresentadas também as boas leis estaduais e municipais, como as que aplicam de imediato as restrições impostas na nação de origem do agrotóxico.
A este respeito, a autora se debruça sobre as reavalições toxicológicas conduzidas pela Agência Nacional de Vigilância Sanitária (Anvisa), com a proibição ou o aumento das exigências sobre determinadas substâncias. Ainda assim, isso não impede que princípios ativos banidos do país apareçam em alimentos consumidos cotidianamente, em um quadro alarmante que pode levar a intoxicações severas e, em fase avançada, ao desenvolvimento de alguns tipos de câncer.
Como o mal está aí, o melhor é conhecê-lo.

domingo, 2 de outubro de 2011

“Apostamos por la agro-ecología y la producción familiar”




Entrevista con Salete Carollo, del Movimiento Sin Tierra




Con el logro de 400.000 familias ya asentadas que obtuvieron tierras propias  en 24 Estados de Brasil en sus 27 años de existencia,  el Movimiento de Trabajadores rurales sin Tierra (MST) es hoy uno de los principales actores sociales de referencia de la sociedad civil latinoamericana. Sin embargo, los desafíos futuros son mayúsculos: “¿cómo hacer para convertirnos en una auténtica organización de masas y cómo adaptarnos a la nueva realidad económica y política que transita el país?”, se interroga  Salete Carollo, militante sin tierra de la primera hora y actualmente miembro de la coordinación nacional del MST. Carollo vivió cuatro años en un campamento-ocupación (1992-1996). Actualmente  forma parte de la Cooperativa de Producción Agropecuaria de Tapes en Río Grande del Sur, especializada en el arroz biológico.

“La naturaleza de la lucha de los movimientos sociales del campo está cambiando en Brasil”, analiza Carollo, responsable del sector “Proyectos Internacionales” del MST, durante una reciente gira europea.

Cambios que obligan, según la dirigente, a repensar los conceptos más de fondo: la naturaleza misma del movimiento; los métodos y tácticas; la formación interna así como las prioridades, las políticas de alianza y  el tipo de diálogo con el resto de la sociedad.

Innovar las tácticas

Si hasta hace algunos años “nos confrontábamos a latifundistas nacionales, hoy debemos hacer frente a poderosas trasnacionales extranjeras instaladas en nuestro territorio”.

Disputar la tierra a las grandes corporaciones, “nos obliga a repensar la táctica”. Y por tal razón el MST viene definiendo nuevas modalidades de movilización. “La naturaleza misma de la lucha de clases está variando”, sostiene.

Hoy, las ocupaciones de tierras no pueden ser pequeñas. “Si antes las hacíamos con 300 familias, ahora debemos programarlas con 3.000 familias”. Dimensión que  “debe asegurarnos otra relación de fuerza favorable para que podamos lograr victorias efectivas con nuestras acciones, reduciendo el número y mejorando la calidad de las mismas”.

Visión que exige, también, “una articulación con otros actores sociales del campo brasilero, y de ahí la significación de promover el accionar de Vía Campesina que integra tanto al MST como a otras organizaciones rurales”.

Además, en la actual etapa, “debemos ocupar tierras que estén aptas a ser desapropiadas”. Es decir, que puedan ser realmente entregadas a los campesinos, “y no solo usar la ocupación solo como medio de presión política como lo entendíamos en muchos casos hasta hace poco tiempo”.

Agro-tóxicos, flagelo en Brasil

En complemento de esta nueva lógica, explica Carollo, “es fundamental el diálogo activo que ya estamos implementando con sectores urbanos, del mundo académico y de la cultura, movimientos sociales de la ciudad,  para lograr una articulación más integral de nuestros objetivos y luchas comunes”.

Por ejemplo, explica la dirigente sin tierra, el MST está preparando una gran campaña para las próximas semanas, con el objetivo de denunciar los agro-tóxicos. La misma está fundamentada en una investigación universitaria que “prueba que cada brasilero consume en sus alimentos 5 litros de veneno por año”.

Brasil es hoy “el principal consumidor mundial de productos tóxicos, que llegan al país como parte del paquete integral de las grandes trasnacionales dedicadas a la agro-exportación y que han encontrado en los últimos años la vía libre para su acción. Los males que dichos venenos producen lo sufren de igual forma tanto el campesino como el consumidor de la ciudad”.

Detrás de esos retos, detalla la dirigente rural, un dilema de fondo para el MST: “pasar de ser un movimiento ya consolidado que lucha por la tierra a una organización de masas”, con todas las nuevas obligaciones de ser actores económicos e intentar controlar la cadena integral de la producción de alimentos.

“La sorpresa de Dilma”

Los primeros meses de Dilma Rousseff, que asumió el gobierno el 1 de enero de este año, “sentimos un cierto desencanto porque nuestras reivindicaciones no eran escuchadas. Veíamos una continuidad lineal de los ocho años de Lula que nunca incorporó en su agenda ni la Reforma Agraria ni las reivindicaciones más sentidas de los sin tierra”.

Sin embargo, luego de una gran jornada de movilización social en agosto pasado -que profundizó las del 8 de marzo y del 17 de abril-,  con 50.000 personas convocadas en Brasilia, “fuimos escuchados por la nueva presidenta”, quien parece orientar ahora un cambio de política hacia el campo.

“Obtuvimos logros inesperados. Dilma incorporó el tema de la reforma agraria en su propia agenda personal. Decidió liberar 400 millones de reales – unos 220 millones de dólares estadounidenses- para desapropiar parcelas a ser entregadas  a los sin tierra. Y aceptó una propuesta de Programa de Educación que exigíamos desde hacía años sin obtener respuesta alguna. Incluso, en este rubro,  fue más allá de lo que esperábamos. ¡Nos sorprendió!”, enfatiza Carollo.

Señales positivas que sin embargo “no nos desmovilizan. El reto de los movimientos sociales en cualquier lugar del planeta no es quedarse con los brazos cruzados esperando las promesas de los gobiernos. Hay que movilizarse para asegurar que las mismas se materialicen. Y no podemos olvidar que en nuestro país siguen existiendo más de 100.000 familias acampadas, en lucha por conquistar sus tierras”.

A pesar del proyecto “desarrollista” del nuevo gobierno brasilero, “pensamos que Dilma entiende que en el campo no hay sólo espacio para el modelo agro-exportador, privilegiado unívocamente por Lula, sino que existe también lugar para la producción familiar campesina promovida por el MST. La única alternativa real y estratégica para combatir la miseria y la marginalidad tanto rural como urbana en Brasil, concluye.

Dos modelos de agricultura en disputa

“Cuando abrimos el debate en la sociedad sobre el tipo de modelo de agricultura aparecen inmediatamente reflexiones sobre el valor de la tierra, el tipo de producción en el campo y la necesidad de la reforma agraria”, explica Salete Carollo.

“Nosotros contestamos el modelo que considera a la tierra como una simple mercancía, que se basa en el monocultivo, que ve en la agro-exportación su principal objetivo y que desprecia totalmente a la naturaleza, al medio, al suelo y al ser humano mismo.

Nuestra propuesta es la producción familiar agro-ecológica, que se sustenta en la cooperación agrícola, con el necesario ingrediente de la agro-industria.

El campesino en la actual etapa histórica de la humanidad no puede resistir en el campo con el mismo modelo que siempre tuvimos. Es decir, producir para su subsistencia y un poco para el mercado local.

Para asegurar una opción alternativa real, debemos tener en nuestras manos el dominio de toda la cadena productiva.  Desde las semillas hasta la comercialización, pasando por el territorio necesario, la transformación  y los beneficios de la producción.

En esa línea hemos avanzado significativamente en tanto MST. Una nueva ley que rige en Brasil exige que el 30% de la alimentación que reciben los niños en las escuelas provenga de la agricultura familiar. Política de Estado que contribuye a que esta cadena productiva pueda desarrollarse y consolidarse.

Y para ello,  la formación técnica y fundamentalmente la política, es esencial. Nuestro trabajo en el campo se integra en una visión más integral, en un proyecto de vida social y político. La agro-ecología impone otra manera de relación  con la naturaleza y de los seres humanos entre si”.

Sergio Ferrari es Colaboración de prensa de  E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria coparte del MST/Brasil